La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) elevó su pronóstico de crecimiento para México de 0.8 a 1.5 por ciento para este año, un ajuste que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo atribuyó al dinamismo de la producción tecnológica y al efecto de las reducciones en las tasas de interés. En su conferencia de prensa, la mandataria sostuvo que en 2027 "nos va a ir mejor" y respaldó su expectativa con el Indicador Oportuno de Actividad Económica del INEGI, que estimó un crecimiento de 2.5 por ciento en agosto.
Sheinbaum recordó que desde antes había anticipado que el segundo semestre de este año sería mejor que el primero, y vinculó esa mejora con el avance de las obras públicas en curso. Según la presidenta, el gobierno federal ya licita proyectos de infraestructura con horizonte plurianual, lo que permitirá que las adjudicaciones hechas en los próximos meses correspondan a ejercicios de 2027 a 2030.
El planteamiento central es que las licitaciones de carreteras, agua y drenaje que se realicen de aquí a diciembre ya no enfrentarán los retrasos administrativos que históricamente han retrasado el arranque de obras al inicio de cada año. "Ya no vamos a tener problema de que al inicio de año tardas tiempo en todo el proceso burocrático para poder licitar una obra", afirmó la mandataria durante su comparecencia ante medios.
El ajuste de la OCDE tiene una lectura doble. Por un lado, reconoce que la economía mexicana muestra una recuperación más sólida de lo previsto, impulsada por el sector tecnológico y por el efecto diferido de la política monetaria. Por otro, el propio organismo mantiene una expectativa moderada para el país, muy por debajo de los niveles de crecimiento que se registraron en décadas pasadas y lejos de las tasas que se necesitarían para cerrar brechas estructurales de empleo formal y bienestar.
Para el Estado de México, el anuncio tiene implicaciones concretas. La entidad concentra una parte importante de la inversión en infraestructura carretera y de agua del centro del país, por lo que el calendario de licitaciones plurianuales puede traducirse en obra pública, empleo temporal y mejoras en servicios básicos para municipios que arrastran rezagos. Sin embargo, el impacto dependerá de que las adjudicaciones se concreten en los plazos anunciados y de que las empresas locales participen en los procesos.
La relación entre pronósticos internacionales y percepción ciudadana suele ser indirecta. Un mayor crecimiento del PIB no se traduce automáticamente en mejoras en el ingreso de las familias, sobre todo en un contexto donde la inflación, el costo de los alimentos y los servicios básicos siguen presionando la economía doméstica. La apuesta oficial es que la inversión pública funcione como motor y que sus efectos se distribuyan gradualmente.
El factor político también pesa. El ciclo electoral de 2027 y la consolidación de los proyectos de la llamada cuarta transformación convierten el desempeño económico en un tema central del debate público. Las expectativas oficiales de mejora deberán contrastarse con los datos que publiquen el INEGI y el propio organismo internacional en los próximos trimestres, así como con la evolución del empleo formal y la inversión privada.
La presidenta sostuvo que las previsiones se dan con anticipación y que su gobierno trabaja para que el segundo semestre de este año y el siguiente reflejen una tendencia positiva. El tiempo y los indicadores económicos serán los que determinen si ese escenario se cumple y si sus efectos llegan a las regiones donde la infraestructura y el agua siguen siendo demandas pendientes.
