La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo encabezó este viernes un pronunciamiento sobre la masacre de Tlatelolco de 1968, al cumplirse 58 años de los hechos, y sostuvo que el principal responsable de la represión fue el entonces presidente de la República y comandante del Ejército, Gustavo Díaz Ordaz. La mandataria abrió su conferencia matutina en Palacio Nacional con la consigna "2 de octubre no se olvida" y calificó la fecha como uno de los episodios más dolorosos de la historia del país.
Durante su intervención, Sheinbaum recordó que al inicio de su administración se leyó un comunicado que después fue publicado en el Diario Oficial de la Federación, en el que se reconoce que el responsable de los hechos fue quien en ese momento era comandante del Ejército Nacional y presidente de los Estados Unidos Mexicanos. La mandataria subrayó que esa responsabilidad fue reconocida por el propio Díaz Ordaz en distintos momentos de su vida después de haber dejado la presidencia.
La presidenta también expresó solidaridad con quienes vivieron la represión, sus familiares, y cerró su mensaje con la frase "nunca más", en referencia a que el Estado no debe volver a reprimir un movimiento social. El pronunciamiento se dio en el marco de la conferencia de prensa matutina, un espacio que el gobierno federal utiliza para fijar postura sobre temas históricos y de derechos humanos.
El reconocimiento oficial sobre la responsabilidad de Díaz Ordaz quedó asentado en un documento publicado en el Diario Oficial de la Federación hace dos años, al comenzar la actual administración. Ese texto forma parte de una serie de gestos del gobierno federal hacia las víctimas de episodios de represión del pasado, aunque no implica por sí mismo consecuencias penales, dado el tiempo transcurrido y la muerte del señalado.
La masacre de Tlatelolco ocurrió el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, en la Ciudad de México, cuando fuerzas del Estado reprimieron un movimiento estudiantil que exigía libertades democráticas y el fin de la represión. El hecho dejó un número de víctimas que nunca ha sido plenamente esclarecido y marcó la vida política del país durante décadas.
Para las familias de los estudiantes y activistas que participaron en el movimiento, la fecha sigue siendo un punto de memoria y exigencia de justicia. Cada año se realizan actos conmemorativos en la Ciudad de México y en otras entidades, en los que se reclama verdad sobre lo ocurrido y castigo a los responsables, aunque la mayoría de los señalados ya falleció.
El pronunciamiento de la presidenta se produce en un contexto en el que el gobierno federal ha impulsado ejercicios de memoria histórica sobre episodios de represión, como parte de su agenda de derechos humanos. Sin embargo, organizaciones civiles han señalado que esos gestos deben acompañarse de garantías de no repetición y de atención a casos actuales de violencia y abuso.
La conmemoración de Tlatelolco también ocurre en un momento en el que el país discute el papel de las fuerzas de seguridad en la atención a protestas sociales. La postura expresada por Sheinbaum apunta a marcar distancia con prácticas del pasado, aunque su aplicación práctica depende de las decisiones que tomen las autoridades en situaciones concretas.
El mensaje presidencial no incluyó anuncios de nuevas medidas ni cambios normativos. Se trató de una postura política y simbólica que retoma el reconocimiento ya publicado en el DOF y que busca fijar posición ante una fecha que sigue generando debate sobre la relación entre el Estado y los movimientos sociales en México.
